|
Como muchos de nuestros seguidores
sabrán, la II Jornada en.red.ando, titulada “La
Web Inteligente” se celebró el viernes pasado
en Barcelona. Lo que viene a continuación es un
relato subjetivo de cuanto aconteció en el
Patronat Flor de Maig (donde tuvo lugar) sin más
pretensión que dejar un buen gusto en la lectura
de todos aquellos que la disfrutaron, y el mismo
para los que no pudieron asistir. Por la experiencia del año pasado,
sabía que nos enfrentábamos a una maratón mental.
Intenté advertir a cuántos se estrenaban, pero a
las 08:00 de la mañana, cuando Luis Angel
Fernández Hermana dio la bienvenida, había muchas
caras bostezando todavía entre el centenar de
personas que nos concentramos.
Johan
Bollen y Luis
Angel Fernández Hermana.
La II
Jornada reunió a investigadores de primera línea
procedentes de EE.UU y Europa que están trabajando
para conseguir que Internet se convierta en una
red inteligente por dos vías diferentes: una,
apuesta por un sistema que permita que la búsqueda
y recuperación de información sea más intuitiva y
precisa a partir de la aplicación de la semántica,
de ontologías y de agentes inteligentes (Tim
Berners-Lee, Hans-Georg Stork, y James Hendler) ;
la otra vía de investigación persigue que los
servidores sean capaces de aprender el recorrido
virtual que hacen los internautas en su navegación
por la Red para que ésta acaba funcionando como un
cerebro global (Francis Heylighen, Johan Bollen y
Cliff Joslyn). Y mientras todos ellos están en las
esferas de lo hipotético, de lo probable si se
cumplen ciertos requisitos, Luis Angel Fernández
Hermana nos devuelve a la realidad para explicar
cómo se trabaja en redes inteligentes desde un
Meta-en.medi@, una evolución de la tecnología de
encuentro que diseñó en.red.ando en 1999, y que se
aplica con éxito en diferentes proyectos.
Luis
Angel Fernández Hermana, director de en.red.ando,
durante su presentación.
La Jornada fue un descubrimiento
para todos: salimos haciendo juegos malabares con
conceptos que nunca antes nos habíamos planteado
aplicados a Internet. Fue, además, una ocasión
para que estos investigadores se vieran las caras
de nuevo (suelen trabajar desde diferentes
países), y promocionaran sus respectivos sistemas
pero también reconocieran sus carencias a partir
de las intervenciones acertadas de una audiencia
interesada. Audiencia que no sólo se encontraba en
Barcelona, sino también en las Islas Baleares que
nos siguieron por videoconferencia a partir de un
acuerdo con la Fundación IBIT.
Ordenar el
caos
Todos los investigadores
partieron de la base de que, actualmente, Internet
se entiende como una gran biblioteca pero, en
realidad, no es más que una recopilación
desordenada de libros, revistas, e información
basura, de cuya mezcla resulta complicado y
costoso extraer conocimiento alguno. En una
biblioteca todo el material está ordenado y
clasificado: un grupo de expertos se encargan de
estructurar y analizar la información, y de hacer
una descripción de los recursos para finalmente
prestar servicios a sus usuarios.
“La Web
Semántica tiene por objeto ordenar el caos de
Internet”, propone Hans-Georg Stork, responsable
de la investigación la Web Semántica de la
Comisión Europea, matemático y doctor en
Informática Teórica. El objetivo es modificar la
forma en que se presenta la información de la Web
de un modo que facilite el procesamiento de la
misma por parte de las máquinas.
Vayamos
por partes. Por ‘Web’ entendamos el conjunto
global de Internet; y por semántica, el estudio
del significado de las palabras. Lo que propone
esta línea de investigación es aplicar la
semántica a la Web, a partir de agentes
inteligentes (o sea, de un software que trabaja
con Inteligencia Artificial). Esto significa que
las máquinas pueden llegar a entender el contenido
que hay en una página, interpretarlo, analizarlo,
y clasificarlo bajo unos criterios u ontologías de
manera que el usuario, al realizar una búsqueda
obtenga una información lo más pertinente posible
a su demanda.
¿Qué es una ontología? “Una
forma de representar el conocimiento a través de
jerarquías elementales”, respondió James Hendler, quién dio su
ponencia desde la Universidad de Maryland (EE.UU),
a través de videoconferencia. Hasta el 30 de
septiembre de 2001, Hendler fue el director
científico de la oficina de información de
sistemas del DARPA, la agencia de proyecto de
investigaciones avanzadas del Ministerio de
Defensa estadounidense, donde se creó lo que hoy
conocemos como Internet.
Si se consigue
que las máquinas entiendan el significado de
nuestras palabras, a través de la aplicación de la
semántica, de las ontologías y de los agentes
inteligentes cuando recurramos a los buscadores
éstos nos ofrecerán resultados mucho más precisos.
Hasta aquí está casi logrado siempre que se trate
de documentos de texto. Sin embargo, el reto mayor
para la WS es hacer que las máquinas entiendan
también el significado de imágenes, películas,
sonidos, información médica, datos comerciales,
etc. sin necesidad de un texto. “Por ejemplo,
podría darse el caso que una máquina confundiera
un cuadro del pintor italiano Bronzino del siglo XVI, donde se
muestra unos desnudos de mujeres con la
pornografía actual. El material podría ser
censurado sin tener en cuenta la cualidad
artística de la imagen”.
Georg-Stork
afirma que “los profesionales, científicos,
estudiantes, profesores, y cuántos trabajen en
empresas van a necesitar de la Web Semántica. Hay
oportunidades comerciales rentables, y
posibilidades de negocio con las aplicaciones y
producción de herramientas que se requieren, y la
personalización de los contenidos, la creación de
nuevos perfiles profesionales, y el suministro de
servicios a partir de ellos”. Este investigador,
que trabaja mano a mano con el creador de la World
Wide Web, Tim Berners-Lee, sostiene que “tiene que
aparecer el interés comercial para que todo esto
vaya adelante”. Stork comentó que se necesita una
mayor inyección de financiación pública y que la
UE va a seguir apoyando la WS en el futuro.
Después de años de investigación, todavía
quedan muchas incógnitas y retos en el aire. ¿Qué
ocurre si al definir ontologías o aplicar la
semántica surgen opiniones diferentes y
controvertidas sobre el mismo contenido?. Por
ejemplo, ¿cómo explicar a una máquina el
significado de democracia si ésta puede ser
entendida de muchas maneras? “Las ontologías
tienen una gran función que es la de dejar claros
los significados que las palabras tienen, porque
cada una tiene varios”, explicó Stork. “La WS
abarcará mucho conocimiento pero no todo. Las
técnicas de procesamiento natural serán
importantes porque permitirán el significado del
texto y del habla, pero si hay palabras ambiguas
planteará un problema para el ordenador. Las
ontologías serán numerosas y competirán, se
limitarán a campos de interés y de práctica. Así,
resultará menos complejo tratar el significado de
términos como democracia”.
Por otro lado,
el mundo actual está en función de los contextos
en los que nos movemos. ¿Cómo se representan estos
en la WS actual? “Debería representar el contexto
para la interpretación correcta”, comentó Cliff Joslyn, director de
Sistemas de Conocimiento Distribuido en el
Laboratorio Nacional de Los Alamos. “Aquí se
plantea la duda de los idiomas”, apuntó Stork,
“porque aunque la WS muestre el contexto ideal
para la interpretación correcta si no se entiende
el idioma que utiliza, será difícil de resolver.
En este caso, la ontología debe ser más amplia y
utilizar descripciones axiomáticas que una máquina
podría entender”.
Hendler comentó que los
internautas hemos vivido tres revoluciones: la
primera, fue cuando se creó a finales de los años
60 en EE.UU. La segunda, fue cuando Tim
Berners-Lee creó la World Wide Web. “Algunos
creemos que la tercera revolución viene ahora, con
la aparición de los agentes inteligentes aplicados
a Internet, que es lo que se conoce como la Web
Semántica”. Lo que está por venir son nuevos
lenguajes que nos permitan introducir más
información, tecnología, y esquemas de forma que
pueda haber más comunicación entre máquinas. Stork
añadió: “Sólo puedo terminar diciendo que acabamos
de empezar. El futuro está aquí”.
El cerebro, el mejor
buscador
La segunda vía de
investigación apuntada en la Jornada fue dirigida
por el belga Francis Heylighen, codirector
del Instituto de Investigación Transdiciplinar de
la Universidad Leo Apostel, y coeditor del
Proyecto Principia Cibernética donde se
está desarrollando toda la base conceptual
filosófica del Cerebro Global (Global Brain, GB).
Su discípulo, Johan Bollen, que trabaja en el
Laboratorio Nacional de Los Alamos (EE.UU) vino a
aportar la parte más práctica de esta filosofía,
explicando un experimento realizado con algoritmos
matemáticos, que demuestra cómo se trabaja con las
máquinas simulando el funcionamiento del cerebro
humano.
¿Y cómo funciona el cerebro humano?
El cerebro humano es un órgano flexible y
eficiente que contiene una enorme cantidad de
datos. No es perfecto pero, comparativamente,
funciona muchísimo mejor que un buscador de
Internet. El cerebro está organizado como una red
de asociaciones, que en realidad son neuronas
conectadas unas a otras formando sinapsis, y éstas
se desarrollan mediante el aprendizaje. Se aprende
cuando encontramos las mismas conexiones repetidas
veces: las que se utilizan a menudo se refuerzan
y, de esta forma, a base de pensar se resuelven
los problemas. Y ¿qué es pensar? Es la activación
de las neuronas al concentrarnos en un asunto, y
esta activación provoca otra conexión con otras
neuronas que, a su vez, activan otros conceptos.
Lo que Heylighen está investigando es la manera de
aplicar este modelo cerebral a la Web para
demostrar que ésta puede ser una red asociativa.
Los buscadores que actualmente utilizamos
para recuperar la información son muy imperfectos,
porque están basados en el uso de palabras-clave.
El inconveniente de este sistema es que éstas
pueden ser confusas y, por tanto, los resultados
ambiguos o confusos también. Además, sólo permiten
describir documentos de texto, no hay nada para
recuperar los multimedia. ¿Se puede utilizar la
Red prescindiendo de los buscadores? Bollen
comenta que hace cinco o seis años éstos no
existían, y que nadie los echaba de menos. Lo que
proponen es que, a partir de agentes inteligentes,
el usuario pueda ir dejando pistas para que en
próximas búsquedas obtenga de la Red documentos
más afines con sus intereses.
“Los
usuarios podrán buscar con mayor eficacia en el
futuro”, explicó Francis Heylighen. “Las bases de
datos se autoorganizarán a partir de las
actuaciones de los usuarios. Se irán marcando las
páginas más vistas, y el tiempo dedicado a cada
una de ellas, de forma individualizada”. Al
interpretar varias páginas el usuario estará dando
pistas al agente de lo que le gusta y éste irá
anotando sus preferencias. “El usuario sólo tendrá
que navegar por la Red, dedicando más tiempo a lo
que le interesa. Lo que estamos logrando es
extraer el uso intuitivo y aprovecharlo
transmitiéndolo a otros”. Y es así como se llega a
la navegación colectiva, que proporciona un mayor
conocimiento. Los agentes también pueden hacer una
exploración de la información paralela de varios
usuarios, simultanear los resultados, y aumentar
el grado de pertinencia de los documentos
obtenidos.
El coeditor del Principia Cibernética, Francis
Heyliguen, explicó que “cada acción realizada,
cambia la Red y la hace más eficiente e
inteligente. Se reestructura y autoorganiza,
creando nuevos vínculos, juntando cosas separadas
y separando cosas juntas. No sólo entiende las
palabras-clave, sino también las intuiciones y las
asociaciones”. La variedad de información
solicitada no importa. Lo que importa es el tiempo
que haya utilizado el usuario consumiendo esa
información. Si repite una búsqueda obtendrá más
material relacionado con lo que ya había buscado
anteriormente. De manera que siempre se avanza, no
se parte de cero como ocurre con los buscadores
actuales.
La propuesta de Heylighen y
Bollen es que la Web Asociativa (el Cerebro
Global) realice un análisis del comportamiento
global de los usuarios, y del comportamiento
individual de cada uno. Pero, ¿cómo se asocia
todo? “El denominador común es el que impone la
voluntad de la mayoría”, explica Francis. Si el
denominador es el que impone, “¿No corre el riesgo
el sistema de consagrar errores?”, preguntó Iban
García, uno de los asistentes de la Jornada. “Si
la mayoría de gente piensa que la ballena es un
pez, al buscar ballena como mamífero no me dará
resultados. Sería muy problemático, por ejemplo,
que la mayoría identificara musulmán con
terrorista” concluyó Ibán. Heyliguen respondió que
esto también ocurre con el lenguaje humano: se
conocen cosas a base de ser repetidas por muchas
personas, y en gran medida son errores. “Esto es
un complemento que debiera aportar la WS. El
usuario debe distinguir lo que es un enlace
asociativo y uno semántico. Veo que el enfoque de
la Web Semántica y el de Cerebro Global se pueden
encontrar para resolver cuestiones como ésta y
obtener una explicación más precisa de la
palabra”.
El público continuó interrogando
a Bollen y Heyliguen y las respuestas cada vez
eran más prodigiosas. Los dos investigadores
concluyeron que los planteamientos que habían
presentado, basados en el Proyecto Principia
Cibernética (PCP), era el camino para que la Web
del futuro funcionara como un sistema inteligente.
La inyección de inteligencia
humana
Una de las cosas que ha
cambiado con la introducción de Internet en
nuestra sociedad es que, desde el punto de vista
de la información y el conocimiento, hemos pasado
de una economía de oferta a una de demanda. Y
todos nos preguntamos: ¿Dónde está la información
y el conocimiento que más nos interesa?. Luis
Angel Fernández Hermana explicó en su intervención
que es necesario crear redes inteligentes donde la
información sea pertinente y, a la vez, nos
pertenezca por haberla elaborado nosotros mismos.
en.red.ando viene trabajando en el diseño
de entornos capaces de responder a esta pregunta.
Desde febrero de 1999, momento en que se estrenó
el primer en.medi@ (y que presentamos
el año pasado en la I Jornada en.red.ando), hemos
evolucionado en la creación de estos espacios,
hasta llegar al Meta-en.medi@.
Un
Meta-en.medi@ es la unión de diferentes redes
inteligentes (en.medi@), dirigidas por un equipo
de moderadores y gestores de conocimiento en red,
con el objetivo de generar contenidos, organizar
trabajos de manera colectiva, construir
comunidades de conocimiento, y reducir costos en
la producción de la información. En estos
momentos, en.red.ando se plantea la posibilidad de
integrar agentes inteligentes a un Meta-en.medi@
de forma que sirvan para negociar la información
que hay en los archivos, mostrar los resultados
allí donde se soliciten, registrar la historia de
los usuarios —lo que convertiría el espacio en una
red inteligente por la forma en que podría
reaccionar—, y algo muy importante para el equipo
de moderadores y gestores es que sabrían dónde se
está demandando información que no está en ninguna
parte de la red inteligente y que se podría
buscar, servir, e incluso negociar con el
resultado.
Para hacer esto, habría que
poner la información de una manera particular. En
la I Jornada en.red.ando ya se vieron tecnologías
que podrían hacer algo parecido a partir de mapas
de visualización de la información. Luis Angel
puntualizó que quizás las ontologías puedan ser
aplicadas a este sistema de gestión de
conocimiento en red, para perfeccionar las
búsquedas. “O quizás habría que trabajar una
estructura de enlaces actualizados, como las
presentadas por Heyliguen y Bollen, que a partir
del comportamiento de los usuarios fuera creando
un mapa de redes inteligente”.
Para
concluir añadió que si estamos hablando de la
Sociedad del Conocimiento hay que crear lo más
parecido a las fábricas del conocimiento. “Estamos
en un mercado laboral de cambio que implica el
requerimiento de toda una serie de perfiles
profesionales capaces de crear, mantener y dirigir
espacios de estas características”.
Contextos
globales
Después de oir durante
horas las palabras semántica, ontologías, agentes
inteligentes, y sistemas de gestión de
conocimiento en red, Cliff Joslyn vino a repasar
todos los conceptos que se habían barajado. El
director de los Sistemas de Conocimiento
Distribuido (DKS) del Laboratorio Nacional de los
Alamos (EE.UU) es, además, coeditor del Proyecto
Principia Cibernética (PCP), donde trabaja desde
hace muchos años en estrecha colaboración con
Francis Heyliguen y Johan Bollen.
“A
finales de los años 80, cuando empezamos Turchin,
Heyliguen y yo en el PCP queríamos lograr un
entorno colaborativo a largo plazo de los
principios de la cibernética. Queríamos utilizar
las tecnologías de los DKS y desarrollarlos.
Trabajábamos en distintos continentes, pero nos
dimos cuenta que este proyecto no podía encerrarse
en un libro, sino que era necesario crear una
comunidad de científicos de distintos ámbitos. Y
esa es la base”.
Los DKS son un término
que Joslyn acuñó para referirse a “entornos en los
cuales comunidades de agentes (humanos o
computacionales) interactúan con recursos de
información en red”. Éstos tienen que tomar
decisiones y hacer cosas que tengan consecuencias,
por ejemplo, para los sistemas de control y mando
de los militares, sistemas de infraestructuras, de
control de inteligencia, de mercados financieros,
etc. La experiencia de Joslyn con las propiedades
de los DKS para combinar las máquinas, con el
almacenamiento de la información y la comunicación
están revolucionado la forma en que se genera
conocimiento, se organiza y se transmite.
Este investigador concluyó diciendo que no
hay ninguna magia detrás de todas las tecnologías
que se habían mostrado durante la Jornada. “Es
pura matemática y se puede lograr. Antes hay que
superar las limitaciones de la Web Semántica, los
problemas de lingüística que se presentan, y
encontrar más sistemas que permitan compartir el
conocimiento. Pero, por ejemplo, los sistemas
ontológicos van a funcionar muy pronto”.
Cuanto más sabes, más te
preguntas
Si todavía siguen bajando
el cursor de su navegador, quiere decir que han
soportado mejor de lo esperado todo el material
que le he inyectado en su cerebro. Un cerebro, no
lo olvide, que ya no es el mismo que antes de
empezar a leer este repaso rápido (1) de unas
tecnologías asombrantes que van a definir el
compromiso que, en los próximos años, entablarán
los humanos y las máquinas para
entenderse.
Quiénes asistieron a esta
maratón del conocimiento colectivo a través de
sistemas inteligentes acabaron destrozados
mentalmente. Esta es la realidad. Algunos como
Carmen Pujol, una participante de la Iª edición
del Master de Comunicación online en.red.ando,
comentó que fue interesante conocer las diferentes
investigaciones y perspectivas que hay. “Sin
embargo, se hubiera agradecido un glosario previo
ya que muchas palabras, sobre todo técnicas”.
El cerebro de David Ruiz interpretó la
Jornada de esta otra forma: “He pensado mucho en
Borges y los senderos que se bifurcan. Me he
acordado de Ernesto Sabato y el libro Hombres y
Engranajes. La Red comienza a ser un
intérprete de nosotros mismos, y eso es muy
fuerte. Será interesante ver cómo nos va a
interpretar”.
Manuel Viñas acabó mejor: “La
Jornada, genial, muy interesante tanto por su
contenido en sí como por la calidad de los
conferenciantes. Creo -y seguro que no me
equivoco- que es el primer congreso al que asisto
en el que no existe esa incómoda barrera de
erudición que generalmente el ponente establece
entre su espacio mental y el del asistente de la
butaca. Fue un clima totalmente distendido, en el
que siempre se guardó ese talante que requiere
saber trasladar al espectador a una investigación
rigurosa como la que estos genios-humanos llevan a
cabo”.
Iban García estaba algo confuso:
“Después de la segunda ponencia me he dado cuenta
que el nivel es bastante alto, lo cual es bueno
pero deja esa pequeña frustración de que uno sale
con más dudas de las que ha entrado. Cuanto más
sabes, más te preguntas. Sería bueno tener algún
recurso para saber hacia dónde evolucionan estos
temas de investigación que todavía están a la
mitad y aún no han desarrollado aplicaciones”.
Y Sergi Miquel sólo acertó a pronunciar
que durante la Jornada tuvo la sensación de ser
uno de los actores que hacen de primates en la
primera parte de la película 2001, una Odisea
en el espacio.
El reto de que las
máquinas arraiguen en el mundo real y compartan
con nosotros lo que saben, a través de la Web
Inteligente, es muy atractivo. Sin embargo, no
olvidemos que HAL en el 2001 todavía no existe, y
que por encima de todo siempre estaremos los seres
humanos. O así debería ser.

Asistentes a la II Jornada en.red.ando
compartiendo inteligencia personal alrededor
de la máquina de café.

NOTAS:
(1) Además del editorial de esta semana
y del artículo de Sònia Flotats dedicado a la Web
Semántica, la semana próxima publicaremos tres
artículos más donde se expondrán con detalle las
investigaciones del Cerebro Global, la visión de
la gestión de conocimiento en red a partir de un
Meta-en.medi@ de en.red.ando, y los Sistemas de
Conocimiento Distribuidos de Cliff Joslyn. Esto
que acaban de leer ha sido sólo un repaso
general.

Artículos relacionados publicados en
en.red.ando:
“La tercera revolución de la Web (*)”, por
Sònia Flotats Álvarez, en en.red.ados.
(30/10/2001) http://enredando.com/cas/enredados/enredados209.html
“Una web a nuestra imagen y semejanza...”,
por Luis Angel Fernández Hermana, en editorial.
(30/10/2001) http://enredando.com/cas/enredados/enredados209.html
“Hacia una simbiosis entre las máquinas y
las personas”, por Karma Peiró Rubio, en
en.red.ados. (23/10/2001) http://enredando.com/cas/enredados/enredados209.html
“Cinco
visiones de la gestión de conocimiento”, por Karma
Peiró Rubio, en en.red.antes (31/10/2000) http://enredando.com/cas/enredantes/enredantes83.html
“Los agentes inteligentes entenderán el
contenido de la Red”, entrevista a James Hendler,
por Karma Peiró en entrevista del mes
(27/6/2000) http://enredando.com/cas/entrevista/entrevista24.html
|