Núm. 290 - 42º de la 4ª versión - Semana del 23.10.2001 al 29.10.2001 CATALÀ - ENGLISH
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en.red.ados Núm 210
 Tecnología
Fecha de publicación: 23/10 /2001

Eva Rexach nació en Barcelona en 1977. Es Licenciada en Historia del Arte por la Universidad de Barcelona (2000) y en Periodismo por la Pompeu Fabra (2001).

Ha colaborado en la revista Web Business y en el desaparecido suplemento "Vang" del periódico La Vanguardia. También ha hecho sus pinitos en Ràdio Gràcia y en Radio Nacional de España. Entró en en.red.ando para hacer prácticas de un mes en julio del 2000, y todavía sigue aquí.

Lo del periodismo le viene de familia, pero también de vocación: lo que más le gustaba de las clases de lengua eran los dictados y las redacciones.

Además, le apasiona la lectura, a poder ser, junto a una chimenea y en un sillón con orejeras, y también agradece un buen compact disc o la compañía de sus amigos. Le encanta el queso.

 
 
 
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Inteligencias compartidas

El Cerebro Global, en realidad, no es nada nuevo. Se está hablando de él desde hace unos años, mejor dicho, desde el siglo XIX, cuando Herbert Spencer escribió una obra titulada Los principios de la sociología, en la que avanzaba la idea de que la sociedad se asemeja a un organismo. Sin embargo, era necesario que la tecnología evolucionara, que apareciera Internet, para que hoy podamos hablar del Cerebro Global como una realidad.

El Cerebro Global (Global Brain) es una gran Red de redes con información precisa. Es la evolución de Internet hacia un sistema automático de reconocimiento de datos, que proporciona al usuario únicamente la información relevante, porque el Cerebro Global es capaz de entender los contenidos de una web y, por tanto, de discriminar y seleccionar los datos que el usuario está buscando. Este Cerebro Global se crea con la inteligencia de los usuarios de la Red, una inteligencia que une cada uno de los ordenadores conectados como si fueran las neuronas de un cerebro.

La idea, como decíamos, había salido de la mente de Spencer, pero otros estudiosos también incidieron en la comparación de la sociedad como un organismo. Por ejemplo, el biólogo y químico Vladimir Vernadsky inventó la palabra "noosfera" para referirse a la "red de pensamientos, información y comunicación que engloba el planeta", es decir, la "noosfera" sería el pensamiento de esa sociedad orgánica a la que se refería Spencer. Más adelante, en 1955, el teólogo y jesuita Pierre Theilhard de Chardin popularizó esta palabra, "noosfera", en su obra El fenómeno humano. Sin embargo, no fue hasta 1983 que apareció el término "cerebro global", utilizado por primera vez en un libro de Peter Russell, titulado, precisamente, El cerebro global. Existe, además, la hipótesis de que el planeta Tierra en sí mismo es un organismo vivo, capaz de regular sus variables esenciales, como la temperatura o la composición de la atmósfera. Según esta hipótesis, conocida con el nombre de Gaia (la diosa griega de la Tierra), el Cerebro Global sería entonces el cerebro de nuestro planeta.

Un ejemplo práctico de esto lo está aplicando la web de Amazon. Al adquirir un libro, por ejemplo, El palacio de la luna, de Paul Auster, el usuario puede ver los libros que otros han elegido y que tienen relación con el que ha pedido. Además, junto a la ficha técnica de este libro aparecen también otras recomendaciones, ya sean de otros libros del mismo autor como de aquellos que Paul Auster ha recomendado en sus críticas literarias, o de aquellos autores que de algún u otro modo están relacionados con el escritor norteamericano. Además, se pueden leer breves críticas de expertos literarios sobre el libro solicitado, que incluyen la opción de opinar si tal o cual crítica es útil o no.

El Cerebro Global haría lo mismo con todas las webs contenidas en él, sumando las inteligencias de todos los usuarios de la Red sobre todos los temas imaginables, de modo que éste fuera capaz de solucionar cualquier problema. Esta idea está basada en el concepto de "inteligencia compartida", según el cual la suma de inteligencias de un grupo o colectivo es mayor que la de sus miembros. El reino animal funciona de esta manera: las hormigas, termitas o abejas, tomadas por separado, son insignificantes. Pero son capaces de tener un comportamiento inteligente cuando se dedican a fabricar miel, crear galerías o recoger comida.

Dos expertos y un servidor web

Francis Heylighen y Johan Bollen son, actualmente, dos de los líderes más destacados en el mundo en este tipo de investigación. Heylighen es experto en inteligencia artificial en la Universidad Libre de Bruselas. Bollen, su alumno aventajado, trabaja en el Laboratorio Nacional de Los Álamos, en Nuevo México (Estados Unidos), y es el artífice del servidor web Principia Cybernetica, que continuamente reconstruye los enlaces entre sus páginas para adaptarlas a las necesidades del usuario. Pero el trabajo de Bollen va más allá de esto, porque es capaz de crear nuevos hipervínculos que se activan cuando intuye que el usuario está desarrollando un nuevo itinerario en su búsqueda, de modo que los enlaces se actualizan o se destruyen de manera automática en función de su uso. Por ejemplo, si el camino para ir de la web A a la web D pasa por las webs B y C, lo que hace Principia Cybernetica es simplificar el camino y llevar al usuario directamente de la web A a la D, creando un enlace de una a otra .

Esto, explicado de esta manera, no es más que la traducción del funcionamiento del Cerebro Global a la estructura de la Red. El aprendizaje sigue la regla de Hebb, el padre de la psicobiología cognitiva: si dos neuronas se activan de manera sucesiva, aumenta el poder de su conexión. Heylighen y Bollen basan su trabajo en este mismo procedimiento: si dos páginas web son consultadas por el mismo usuario en un breve intervalo de tiempo, el hipervínculo existente entre ellas alcanza un peso más importante o da origen a un nuevo enlace. Y, por otro lado, los enlaces que no son consultados con asiduidad, pueden desaparecer.

De este modo, el Cerebro Global sirve, fundamentalmente, para seleccionar entre los miles de millones de páginas web aquellas que le interesan al usuario. Es más que buscar información: es crear conocimiento. Hasta ahora, los motores de búsqueda se basaban en clasificaciones realizadas por personas, que se dedicaban a seleccionar y ordenar según unos criterios más o menos comunes, pero que, a menudo, convertían la Red en un caos de páginas en el que era difícil encontrar lo que se buscaba. En el servidor desarrollado por Bollen, Principia Cybernetica, los enlaces o hipervínculos se asemejan a la estructura de un cerebro humano, porque crean conexiones nuevas en función de su uso, igual que las neuronas.

Su funcionamiento se basa en las llamadas "smart cookies" ("cookies" inteligentes), es decir, pequeños bancos de datos que registran información sobre el usuario y su ordenador, además de crear una memoria de las rutas de dicho usuario por la Red. Cuando el usuario se conecta, el servidor es capaz de reconocerlo y de recomendarle páginas que le pueden ser de interés, así como de ajustar los hipervínculos y de revisarlos automáticamente. En definitiva, busca atajos.

En palabras del mismo Francis Heylighen, "cualquier problema que tenga un usuario, cualquier pregunta que necesite una respuesta, será una tarea fácil porque la Red se reorganizará y se adaptará a lo que el usuario espere de ella".

¿Cómo aumentar la inteligencia de la Red?

Pero para que esto funcione, es necesario echar mano de algo más que un servidor web. Ya hemos visto que las llamadas "smart cookies" recogen información del usuario para reconocerlo y para saber cuál es su rastro por la Red, pero ¿cómo pueden aprovechar estos datos y hacerlos útiles? Ahí es donde entran los agentes inteligentes y los sistemas de conocimiento distribuido (Distributed knowledge systems, DKS).

Fue Cliff Joslyn, presidente de la empresa de sistemas de información Cybernetic Designs, el primero en citar los DKS al referirse a un entorno en el cual las comunidades de agentes, ya sean éstos humanos o computacionales, interactúan con fuentes de información conectadas entre sí. Es decir, los sistemas de conocimiento distribuido son los que hacen posible que un ordenador A pueda recuperar el conocimiento de un ordenador B.

¿Cómo hacer entonces que la Red sea más inteligente? Teniendo en cuenta que la acción de pensar, de comprender, implica la activación de neuronas y la asociación entre conceptos, estos sistemas de conocimiento distribuido deben ser capaces de entender dichos conceptos. En el caso de Internet, el Cerebro Global debe ser capaz de entender el contenido de las páginas web para saber cuáles sirven y cuáles no para proporcionar la información que el usuario precisa. Aquí es donde entra la llamada "Web Semántica" y los agentes inteligentes a los que antes aludíamos.

La Web semántica, campo de trabajo de Tim Berners-Lee, creador de la World Wide Web, y Hans-Georg Stork, su mano derecha en la Unión Europea, trata de hacer comprender a los servidores web el contenido de lo que almacenan o distribuyen por la Red. Los agentes inteligentes en los que trabaja James Hendler, ex Director Científico de la Oficina de Información de Sistemas de la DARPA, la Agencia de Defensa para los Proyectos de Investigación Avanzada, serán su herramienta. Es decir, la Web Semántica sería el vocabulario y los agentes inteligentes y los DKS serían el diccionario. Los sistemas de conocimiento distribuido, entonces, estructurarían este vocabulario para crear conocimiento.

¿Cuánto tendremos que esperar para verlo? Según Hendler, unos cuatro años. La tecnología ya está aquí; sólo hace falta convencer a los poderes que regulan la Red para que adopten los protocolos necesarios para implantar la evolución de Internet. La principal ventaja es que la información que el usuario reciba a través de la Web Inteligente será siempre información relevante para él, adecuada a sus necesidades. Se acaban así los ratos perdidos visitando sitios web que nada tienen que ver con lo que se pide, los enlaces que no llevan a ningún sitio, las páginas que han caducado. Según Heylighen, "los agentes inteligentes llegarán a una especie de conclusión" sobre la información solicitada, y eso "es un pensamiento". El cerebro empezará a pensar por sí solo.

¿Qué pasaría si...?

Muchas son las historias que nos hablan de ordenadores que se rebelan contra sus creadores o de máquinas que son capaces de desarrollar un pensamiento propio. Algunos científicos creen que crear este tipo de ordenadores puede abrir una puerta a algo desconocido. La inteligencia del Cerebro Global puede fácilmente superar nuestra habilidad para entenderlo. Y lo que no se puede entender, no se puede controlar. Heylighen es consciente de este problema: él se imagina el Cerebro Global como el centro de un "superorganismo global", en el que la Web juega el papel del cerebro y los usuarios actúan como las células. "El cerebro en sí no es controvertido; el superorganismo ciertamente lo es", explica.

Pero las dudas sobre los peligros del Cerebro Global van por otro camino. Es más lógico pensar en que pueden dar lugar a un pensamiento único, que los agentes inteligentes y los DKS pueden proporcionar únicamente información interesada, o que incluso pueden restringir la libertad de navegación por la Red. Sin embargo, según explica Francis Heylighen, no hay de qué alarmarse. Para empezar, el Cerebro Global existe gracias a la inteligencia diversa de sus usuarios, de modo que no puede crear un pensamiento único. Cada uno de los usuarios tiene un punto de vista diferente y tiene también una experiencia diferente, que unida a la de los demás, puede hacer frente a problemas más complejos. De nuevo, podemos remitirnos al mundo animal: si las hormigas siguieran siempre el mismo camino y no crearan nuevas rutas, la colonia se moriría de hambre cuando las existencias de comida de la ruta principal se acabaran.

Otra de las dudas es si el aprendizaje de la Red puede imponer una tiranía de la mayoría. Podría parecer que las minorías serían suprimidas al reducir la diversidad de Internet destruyendo vínculos no utilizados. Sin embargo, esto no es así, porque el Cerebro Global sugiere enlaces nuevos y elimina los que el usuario no utiliza, pero no hace desaparecer los vínculos de las páginas originales. De modo que no reduce posibilidades, sino que las aumenta.

Por otro lado, el funcionamiento del Cerebro Global no necesita ningún dato personal del usuario, porque se basa en algoritmos que únicamente recogen información sobre su ordenador. Es decir, el servidor sabrá que el usuario X ha ido de la web A a la web B, pero no sabrá quién es ese usuario. Se mantiene, pues, la privacidad. El Cerebro Global no será un "Gran Hermano" cibernético.

Finalmente, otra duda que se plantea es si el Cerebro Global puede adquirir conciencia. Como explica Heylighen, "éste está controlado por toda la gente que forma parte de él. No es un sistema autónomo que de repente pueda decidir no obedecer las órdenes". De todos modos, sí es cierto que la evolución del Cerebro Global es una incógnita, igual como puede serlo el futuro de la humanidad. De todos nosotros depende cómo evolucione.

Enlaces de interés

The Global Brain FAQ
http://pespmc1.vub.ac.be/GBRAINFAQ.HTML

"Enseñar a Internet", editorial de Luis Ángel Fernández Hermana
http://enredando.com/cas/editorial/enredando288.html

"La Web inteligente", editorial de Luis Ángel Fernández Hermana
http://enredando.com/cas/editorial/enredando231.html

References on the Global Brain / Superorganism
http://pespmc1.vub.ac.be/GBRAINREF.html

The impact of the Internet on the Global Brain
http://www.chem.vt/edu/chem-dept/dessy/honors/papers98/CWENGER.htm

From World Wied Web to Global Brain
http://www.hcsic.dc/tp/english/special/vag/6061/1.html

The Global Brain and the evolution of the WWW
http://artfolio.com/pete/TowardsGB.html

Principia Cybernetica
http://pespmc1.vub.ac.be/DEFAULT.html


 

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