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El Cerebro Global, en realidad, no es
nada nuevo. Se está hablando de él desde hace unos
años, mejor dicho, desde el siglo XIX, cuando
Herbert Spencer escribió una obra titulada Los
principios de la sociología, en la que
avanzaba la idea de que la sociedad se asemeja a
un organismo. Sin embargo, era necesario que la
tecnología evolucionara, que apareciera Internet,
para que hoy podamos hablar del Cerebro Global
como una realidad.
El Cerebro Global (Global Brain) es una gran
Red de redes con información precisa. Es la
evolución de Internet hacia un sistema automático
de reconocimiento de datos, que proporciona al
usuario únicamente la información relevante,
porque el Cerebro Global es capaz de entender los
contenidos de una web y, por tanto, de discriminar
y seleccionar los datos que el usuario está
buscando. Este Cerebro Global se crea con la
inteligencia de los usuarios de la Red, una
inteligencia que une cada uno de los ordenadores
conectados como si fueran las neuronas de un
cerebro.
La idea, como decíamos, había salido de la
mente de Spencer, pero otros estudiosos también
incidieron en la comparación de la sociedad como
un organismo. Por ejemplo, el biólogo y químico
Vladimir Vernadsky inventó la palabra "noosfera"
para referirse a la "red de pensamientos,
información y comunicación que engloba el
planeta", es decir, la "noosfera" sería el
pensamiento de esa sociedad orgánica a la que se
refería Spencer. Más adelante, en 1955, el teólogo
y jesuita Pierre Theilhard de Chardin popularizó
esta palabra, "noosfera", en su obra El
fenómeno humano. Sin embargo, no fue hasta
1983 que apareció el término "cerebro global",
utilizado por primera vez en un libro de Peter
Russell, titulado, precisamente, El cerebro
global. Existe, además, la hipótesis de que el
planeta Tierra en sí mismo es un organismo vivo,
capaz de regular sus variables esenciales, como la
temperatura o la composición de la atmósfera.
Según esta hipótesis, conocida con el nombre de
Gaia (la diosa griega de la Tierra), el Cerebro
Global sería entonces el cerebro de nuestro
planeta.
Un ejemplo práctico de esto lo está aplicando
la web de Amazon. Al adquirir un libro, por
ejemplo, El palacio de la luna, de Paul
Auster, el usuario puede ver los libros que otros
han elegido y que tienen relación con el que ha
pedido. Además, junto a la ficha técnica de este
libro aparecen también otras recomendaciones, ya
sean de otros libros del mismo autor como de
aquellos que Paul Auster ha recomendado en sus
críticas literarias, o de aquellos autores que de
algún u otro modo están relacionados con el
escritor norteamericano. Además, se pueden leer
breves críticas de expertos literarios sobre el
libro solicitado, que incluyen la opción de opinar
si tal o cual crítica es útil o no.
El Cerebro Global haría lo mismo con todas las
webs contenidas en él, sumando las
inteligencias de todos los usuarios de la Red
sobre todos los temas imaginables, de modo que
éste fuera capaz de solucionar cualquier problema.
Esta idea está basada en el concepto de
"inteligencia compartida", según el cual la suma
de inteligencias de un grupo o colectivo es mayor
que la de sus miembros. El reino animal funciona
de esta manera: las hormigas, termitas o abejas,
tomadas por separado, son insignificantes. Pero
son capaces de tener un comportamiento inteligente
cuando se dedican a fabricar miel, crear galerías
o recoger comida.
Dos expertos y un servidor web
Francis Heylighen y Johan Bollen son,
actualmente, dos de los líderes más destacados en
el mundo en este tipo de investigación. Heylighen
es experto en inteligencia artificial en la
Universidad Libre de Bruselas. Bollen, su alumno
aventajado, trabaja en el Laboratorio Nacional de
Los Álamos, en Nuevo México (Estados Unidos), y es
el artífice del servidor web Principia
Cybernetica, que continuamente reconstruye los
enlaces entre sus páginas para adaptarlas a las
necesidades del usuario. Pero el trabajo de Bollen
va más allá de esto, porque es capaz de crear
nuevos hipervínculos que se activan cuando intuye
que el usuario está desarrollando un nuevo
itinerario en su búsqueda, de modo que los enlaces
se actualizan o se destruyen de manera automática
en función de su uso. Por ejemplo, si el camino
para ir de la web A a la web D pasa
por las webs B y C, lo que hace
Principia Cybernetica es simplificar el
camino y llevar al usuario directamente de la
web A a la D, creando un enlace de una a
otra .
Esto, explicado de esta manera, no es más que
la traducción del funcionamiento del Cerebro
Global a la estructura de la Red. El aprendizaje
sigue la regla de Hebb, el padre de la
psicobiología cognitiva: si dos neuronas se
activan de manera sucesiva, aumenta el poder de su
conexión. Heylighen y Bollen basan su trabajo en
este mismo procedimiento: si dos páginas
web son consultadas por el mismo usuario en
un breve intervalo de tiempo, el hipervínculo
existente entre ellas alcanza un peso más
importante o da origen a un nuevo enlace. Y, por
otro lado, los enlaces que no son consultados con
asiduidad, pueden desaparecer.
De este modo, el Cerebro Global sirve,
fundamentalmente, para seleccionar entre los miles
de millones de páginas web aquellas que le
interesan al usuario. Es más que buscar
información: es crear conocimiento. Hasta ahora,
los motores de búsqueda se basaban en
clasificaciones realizadas por personas, que se
dedicaban a seleccionar y ordenar según unos
criterios más o menos comunes, pero que, a menudo,
convertían la Red en un caos de páginas en el que
era difícil encontrar lo que se buscaba. En el
servidor desarrollado por Bollen, Principia
Cybernetica, los enlaces o hipervínculos se
asemejan a la estructura de un cerebro humano,
porque crean conexiones nuevas en función de su
uso, igual que las neuronas.
Su funcionamiento se basa en las llamadas
"smart cookies" ("cookies" inteligentes), es
decir, pequeños bancos de datos que registran
información sobre el usuario y su ordenador,
además de crear una memoria de las rutas de dicho
usuario por la Red. Cuando el usuario se conecta,
el servidor es capaz de reconocerlo y de
recomendarle páginas que le pueden ser de interés,
así como de ajustar los hipervínculos y de
revisarlos automáticamente. En definitiva, busca
atajos.
En palabras del mismo Francis Heylighen,
"cualquier problema que tenga un usuario,
cualquier pregunta que necesite una respuesta,
será una tarea fácil porque la Red se reorganizará
y se adaptará a lo que el usuario espere de ella".
¿Cómo aumentar la inteligencia de la Red?
Pero para que esto funcione, es necesario echar
mano de algo más que un servidor web. Ya
hemos visto que las llamadas "smart cookies"
recogen información del usuario para reconocerlo y
para saber cuál es su rastro por la Red, pero
¿cómo pueden aprovechar estos datos y hacerlos
útiles? Ahí es donde entran los agentes
inteligentes y los sistemas de conocimiento
distribuido (Distributed knowledge systems, DKS).
Fue Cliff Joslyn, presidente de la empresa de
sistemas de información Cybernetic Designs, el
primero en citar los DKS al referirse a un entorno
en el cual las comunidades de agentes, ya sean
éstos humanos o computacionales, interactúan con
fuentes de información conectadas entre sí. Es
decir, los sistemas de conocimiento distribuido
son los que hacen posible que un ordenador A pueda
recuperar el conocimiento de un ordenador B.
¿Cómo hacer entonces que la Red sea más
inteligente? Teniendo en cuenta que la acción de
pensar, de comprender, implica la activación de
neuronas y la asociación entre conceptos, estos
sistemas de conocimiento distribuido deben ser
capaces de entender dichos conceptos. En el caso
de Internet, el Cerebro Global debe ser capaz de
entender el contenido de las páginas web
para saber cuáles sirven y cuáles no para
proporcionar la información que el usuario
precisa. Aquí es donde entra la llamada "Web
Semántica" y los agentes inteligentes a los que
antes aludíamos.
La Web semántica, campo de trabajo de Tim
Berners-Lee, creador de la World Wide Web, y
Hans-Georg Stork, su mano derecha en la Unión
Europea, trata de hacer comprender a los
servidores web el contenido de lo que
almacenan o distribuyen por la Red. Los agentes
inteligentes en los que trabaja James Hendler, ex
Director Científico de la Oficina de Información
de Sistemas de la DARPA, la Agencia de Defensa
para los Proyectos de Investigación Avanzada,
serán su herramienta. Es decir, la Web Semántica
sería el vocabulario y los agentes inteligentes y
los DKS serían el diccionario. Los sistemas de
conocimiento distribuido, entonces, estructurarían
este vocabulario para crear conocimiento.
¿Cuánto tendremos que esperar para verlo? Según
Hendler, unos cuatro años. La tecnología ya está
aquí; sólo hace falta convencer a los poderes que
regulan la Red para que adopten los protocolos
necesarios para implantar la evolución de
Internet. La principal ventaja es que la
información que el usuario reciba a través de la
Web Inteligente será siempre información relevante
para él, adecuada a sus necesidades. Se acaban así
los ratos perdidos visitando sitios web que
nada tienen que ver con lo que se pide, los
enlaces que no llevan a ningún sitio, las páginas
que han caducado. Según Heylighen, "los agentes
inteligentes llegarán a una especie de conclusión"
sobre la información solicitada, y eso "es un
pensamiento". El cerebro empezará a pensar por sí
solo.
¿Qué pasaría si...?
Muchas son las historias que nos hablan de
ordenadores que se rebelan contra sus creadores o
de máquinas que son capaces de desarrollar un
pensamiento propio. Algunos científicos creen que
crear este tipo de ordenadores puede abrir una
puerta a algo desconocido. La inteligencia del
Cerebro Global puede fácilmente superar nuestra
habilidad para entenderlo. Y lo que no se puede
entender, no se puede controlar. Heylighen es
consciente de este problema: él se imagina el
Cerebro Global como el centro de un
"superorganismo global", en el que la Web juega el
papel del cerebro y los usuarios actúan como las
células. "El cerebro en sí no es controvertido; el
superorganismo ciertamente lo es", explica.
Pero las dudas sobre los peligros del Cerebro
Global van por otro camino. Es más lógico pensar
en que pueden dar lugar a un pensamiento único,
que los agentes inteligentes y los DKS pueden
proporcionar únicamente información interesada, o
que incluso pueden restringir la libertad de
navegación por la Red. Sin embargo, según explica
Francis Heylighen, no hay de qué alarmarse. Para
empezar, el Cerebro Global existe gracias a la
inteligencia diversa de sus usuarios, de modo que
no puede crear un pensamiento único. Cada uno de
los usuarios tiene un punto de vista diferente y
tiene también una experiencia diferente, que unida
a la de los demás, puede hacer frente a problemas
más complejos. De nuevo, podemos remitirnos al
mundo animal: si las hormigas siguieran siempre el
mismo camino y no crearan nuevas rutas, la colonia
se moriría de hambre cuando las existencias de
comida de la ruta principal se acabaran.
Otra de las dudas es si el aprendizaje de la
Red puede imponer una tiranía de la mayoría.
Podría parecer que las minorías serían suprimidas
al reducir la diversidad de Internet destruyendo
vínculos no utilizados. Sin embargo, esto no es
así, porque el Cerebro Global sugiere enlaces
nuevos y elimina los que el usuario no utiliza,
pero no hace desaparecer los vínculos de las
páginas originales. De modo que no reduce
posibilidades, sino que las aumenta.
Por otro lado, el funcionamiento del Cerebro
Global no necesita ningún dato personal del
usuario, porque se basa en algoritmos que
únicamente recogen información sobre su ordenador.
Es decir, el servidor sabrá que el usuario X ha
ido de la web A a la web B, pero no
sabrá quién es ese usuario. Se mantiene, pues, la
privacidad. El Cerebro Global no será un "Gran
Hermano" cibernético.
Finalmente, otra duda que se plantea es si el
Cerebro Global puede adquirir conciencia. Como
explica Heylighen, "éste está controlado por toda
la gente que forma parte de él. No es un sistema
autónomo que de repente pueda decidir no obedecer
las órdenes". De todos modos, sí es cierto que la
evolución del Cerebro Global es una incógnita,
igual como puede serlo el futuro de la humanidad.
De todos nosotros depende cómo evolucione.
Enlaces de interés
The Global Brain FAQ http://pespmc1.vub.ac.be/GBRAINFAQ.HTML
"Enseñar a Internet", editorial de Luis
Ángel Fernández Hermana http://enredando.com/cas/editorial/enredando288.html
"La Web inteligente", editorial de Luis
Ángel Fernández Hermana http://enredando.com/cas/editorial/enredando231.html
References on the Global Brain /
Superorganism http://pespmc1.vub.ac.be/GBRAINREF.html
The impact of the Internet on the Global
Brain http://www.chem.vt/edu/chem-dept/dessy/honors/papers98/CWENGER.htm
From World Wied Web to Global Brain http://www.hcsic.dc/tp/english/special/vag/6061/1.html
The Global Brain and the evolution of the
WWW http://artfolio.com/pete/TowardsGB.html
Principia Cybernetica http://pespmc1.vub.ac.be/DEFAULT.html
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