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El
flujo descomunal de información que supuso la evolución tecnológica y
la demanda social constante de datos por parte de la población, determinó
que nos encontremos en una sociedad sobreinformada. Es imposible que un
hombre pueda procesar tan sólo una mínima parte de la información que
se produce en un solo día, y el tema no deja de preocupar a los intelectuales.
Para empezar, Alfons Cornella traza un panorama de la cuestión en "¿Cuánta información se produce cada año en el mundo?" Alvin Toffler, en “La era del cambio del poder” (Plaza & Janes Editores, Barcelona, 1990, en el capítulo 2: “Músculo, dinero y mente”) plantea que la información es el poder de mayor calidad, que ha superado a la coerción física (el músculo) y al poder económico (el dinero). La información (mente) es un arma de mucho poder que hay que manejar con inteligencia. Y aquí no sólo está en desventaja aquél que no tiene acceso a la información, sino que también el que está constantemente informado puede ser manipulado fácilmente por los que gestionan la información. Santiago Norte alerta en “Información salvaje” sobre los riesgos de perder la intimidad ante el flujo constante de información. Ésta es caótica y fragmentada, y -lejos de alimentar la necesidad del receptor- corre el riesgo de saturarlo. Es discutible su concepción neutral de la tecnología. Ver artículo completo Umberto Eco, en el artículo “Sobreinformación y mala información” dice que “estar sobreinformado es como estar mal informado", y asegura que ante la necesidad de llenar de información al espectador, los medios de comunicación corren el riesgo de convertir en información lo que no tiene importancia para serlo. Ver artículo completo. |